Ese perro no es de verdad

Andrea Pazos

Ese perro no es de verdad. Es un señor bajito caminando a cuatro patas dentro de un traje de peluche marrón.

Es evidente, desde donde yo lo veo, que su cuerpo es una carcasa rígida, del material plástico con el que hacen las muñecas.

En la forma de caminar y trotar por el jardín se intuye la torpeza de quien se mueve sobre sus manos y pies. El hombre bajito que va dentro se esfuerza por mantener las rodillas semiflexionadas pero el efecto que logra no es creíble, los cuartos traseros del perro son más altos que los delanteros.

¿Y el pelo del peluche? Es grueso, de color marrón sin reflejos ni jaspeado de otra tonalidad. Los pelos muy rizados repartidos uniformemente por todo el cuerpo, incluso por las orejas, que por cierto, no se mueven cuando salta.

El hombre más alto que camina al lado, vestido éste sí, de humano, anima al perro a correr lejos de él sin tan siquiera lanzarle un palo o una pelota de goma. No le acaricia el lomo ni lo llama cuando se aleja. Me pregunto si se avergüenza de sacar a pasear a otro señor. Y me pregunto también qué clase de vínculo les une. Tal vez sea el amor más incondicional que haya visto nunca.

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Un comentario en “Ese perro no es de verdad

  1. Ufff. Debo de tener un mal dia.Este relato me recuerda a una escena de una película de Pasolini en la que aparecen unos chicos desnudos,solo con una correa de perro,y son obligados a comer carne cruda del suelo.

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