El monstruito exquisito: parte 3

Patri Arsuaga

No sabía muy bien la respuesta, pero lo que le salía en ese preciso instante era intentarlo. Fue hacia ella, tembloroso, notaba cómo le sudaban las manos, el corazón lo tenía a mil por hora, pero estaba seguro que nadie en la sala se daría cuenta de nada. Su exterior estaba intacto. Iba andando firme, recto, con paso casi militar. Su media melena y su barba de tres días, eso sí, cuidada, le daban apariencia de hipster, aunque no lo fuera.

Sus miradas se cruzaron y ella no pudo aguantar y le saltaron los colores. Recordó como también le pasaba hace años, cuando jugaban con la botella a ver quién le tocaba besar a quién. Entonces él lo veía desde la barrera, ahora había llegado el momento de saltar al campo y meter el gol, aunque fuera por la escuadra. Y lo iba a hacer, aunque le costara sangre, sudor y lágrimas.

Se lo había pensado mucho porque esta vez no era como las otras. Tenía que ser brillante. Le diría, no voy a permitir que nadie te arrincone, ¿quieres bailar conmigo? Sabía de sobra que era su escena favorita de Dirty Dancing, pero no contó con su reacción. Y es que ella salió corriendo al baño,

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