Verlo bailar

Araceli Suárez

Verlo bailar la emociona y la desconsuela a partes iguales. Bajo la camisa vislumbra su torso firme y joven. Lo ve tan seguro, sensual y seductor mientras se contonea al son de la bachata o cuando se acerca a las caderas de su pareja, que piensa que con ella nunca bailará así. Imagina su deseo cuando su frente y la de esa chica se juntan o cuando se separa para volver a mirarla y luego atraerla con un magnetismo que va más allá de la física. Parece acariciarla casi sin rozarla, parece envolverse en ella, pero sobre todo, parece no existir más realidad que el ritmo para él.

Lo mira desde fuera de la pista y su corazón palpita por una pasión inflamada por las letras de canciones que evocan penas tan antiguas como las suyas y que la hacen soñar con una danza de seducción, complicidad y ternura que nunca ha experimentado. Tampoco sintió nunca esa necesidad. Hasta que lo conoció. Hasta que ese muchacho la enamoró como a una adolescente.

La canción acaba. Los imagina conectados y ajenos al resto del mundo mientras pasan a su lado, pero ella no quiere dejar de mirarlo ni de sonreírle, a pesar de que desea abrazarlo. Y él la mira también. Le sonríe como siempre y le hace un gesto dulce con la mano, también como siempre.

Él sigue su camino y ella lo siente lejos, muy lejos. Por los años que los separan, por las vidas que los separan. Pero lo que ella no sabe es que en el corazón de ese muchacho no hay ritmo de bachata, ni que en su masculinidad no hay deseo de seducción, ni que en sus movimientos no hay sensualidad, y mucho menos, que esas chicas no significan nada para él, porque para él solo es bailar; bailar hasta acabar agotado: porque cuando baila, no siente como puñales las letras de canciones que evocan otras penas antiguas; porque cuando baila, la soledad es menos soledad; porque cuando baila, no sueña con una mujer que imagina inalcanzable. Por los años que los separan, por las vidas que los separan.

Él sigue su camino porque cuando pasa a su lado, solo se atreve a sonreírle o a un gesto dulce, a pesar de que lo que desea es abrazarla y es que una mirada de esa mujer lo hace soñar con un amor para vivirlo al son de una música de ternura, de complicidad y de entrega.

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