Toda la verdad

Yolanda Valdeolmillos

Nacho observaba a su hija recoger los caramelos partidos que sus Majestades de Oriente habían lanzado al suelo. Estaba ilusionada, con los ojos como platos y las manos como garras para acaparar la mayor cantidad posible de botín. Verla disfrutar le producía cierto alivio, pero seguía preocupado. Después de lo que había dicho su hija antes de salir, temía que la cabalgata fuera un fracaso:

—Yo ya sé toda la verdad sobre los Reyes Magos, papá. Mi amiga Sara me lo contó.

—Pero, Nerea,…

La niña salió corriendo hacia la puerta del jardín con su bolsa vacía de Hello Kitty ondeando a su espalda como una bandera. Y Nacho tuvo que contener una lágrima. Nerea era demasiado pequeña para hacerse de repente tan mayor. Ya sabía lo de los Reyes y las Navidades para ella no volverían a ser lo mismo. Nacho secó en su ojo derecho una gota que aún no existía y arrugó los labios. La culpa era de los padres de Sara, que no controlaban las cosas que soltaba su hija por la boca. Esa niña era un peligro. Y la culpa era también del ayuntamiento, que ponía cada vez menos esmero en la caracterización de los Reyes Magos. En la cabalgata del año anterior Melchor iba perdiendo trozos de barba. Era una vergüenza. Y su hija había tenido que pagarlo a una edad demasiado tierna.

Baltasar saludaba a los niños desde su carroza con una sonrisa muy rígida. Nerea intentaba meter más caramelos en la bolsa, pero Hello Kitty había ensanchado tanto su figura que ya sólo era una mancha deforme con un vestido rosa. Y Nacho redactaba mentalmente una carta de queja dirigida al alcalde mientras miraba con odio a Melchor. El Rey Mago movía su brazo de un lado a otro formando un arco, era imposible saber si sonreía porque un montón de pelos grises le tapaban la mitad de la cara. Otra vez la misma barba.

-Papá, ten cuidado, no le mires tanto.

Nerea había abandonado su lucha contra Hello Kitty  para empezar a hincharse los bolsillos del abrigo con más caramelos.

¿Por qué, cielo?

—Ya sabes… —dijo mirando a Melchor de reojo y arqueando las cejas— lo de los Reyes…

—Ya, hija, lo siento… —Respondió Nacho— pero ¿por qué no podemos mirar?, ¿qué pasa?

—Hay que tener cuidado —la niña dirigió otra mirada rápida al Rey,— se disfrazan para que no nos demos cuenta, ya sabes…

Nacho se arrodilló frente a su hija y abrochó los botones de su abrigo, también de Hello Kitty.

—No te entiendo, cariño, ¿de qué hay que tener cuidado?, ¿qué fue lo que te dijo Sara?

—Pues lo que todo el mundo sabe, papá la niña suspiró pesadamente,— que los Reyes Magos son alienígenas.

Dicho esto, Nerea siguió recogiendo caramelos. Nacho se quedó arrodillado en mitad del asfalto, sin parpadear, con los ojos secos y el gesto inmóvil, los brazos extendidos hacia delante y las manos aún dispuestas a abotonar.

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3 comentarios en “Toda la verdad

  1. Nos ha sorprendido la agilidad del relato, la frescura y cercanía de los personajes… Y sin lugar a duda… Ese original final de la pieza… Gracias a todos esos familiares Reyes Magos. Margarita /Juanjo

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