Eclipse

Patri Arsuaga

Y de repente, todo se volvió oscuro. Se acercó a la ventana, el sol había desaparecido. Bajó persianas, encendió su vela y apagó las luces como si se preparara para lo que se avecinaba. Sonaba el Careless whisper de Wham en la radio, ésa que llevaba años acompañándola desde que se fue de casa y que seguía con vida, conviviendo con mp3, Ipads y demás tecnología, a pesar de todo. Tocaba pensar en qué pasó, por qué se acabó todo, cómo su mundo dejó de ser el que era como por arte de magia, cuándo fue que la vida le cambió el chip y se convirtió en otra a la que a duras penas reconocía. Siempre había sido una chica optimista, con ganas de volar y comerse el mundo. Ahora se veía cobarde, pequeñita y sin fuerzas para remontar. Dualidades. Si miras alrededor, te las encuentras por doquier aún sin quererlo, blanco o negro, bueno o malo, y te sale ponerte en uno de los bandos, pero existe el gris, señores. Es bella también esta oscuridad, ella la había convertido en hermosa y placentera, sobre todo porque sabía que tenía los días contados. La luz volvería, lo quisiera ella o no. En esas andaba cuando escuchó algo, era el teléfono que vibraba encima de la mesa. Se fijó en su movimiento, parecía que bailaba y le hizo gracia. Sonrió al cogerlo. “Hola, qué haces? Te vienes a ver el eclipse a casa?” “En media hora estoy allí, pero, ¿me dejarás mirar también las estrellas?” “Como desees…”.

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