La carta en el buzón

Andrea Pazos

Todos los lunes la misma rutina para comenzar la semana; el café servido en la misma taza; el mismo gel en la ducha; la misma corbata; y la carta en el buzón. Sin remitente, sin sello, sólo una hoja dos veces doblada en la que se enumeran cinco eventos positivos que le han ocurrido durante la semana previa.

Cinco hechos, cotidianos algunos —como haber encontrado aparcamiento delante del portal—, extraordinarios otros —como los halagos de su jefe en aquella reunión—, a los que él no hubiera concedido más de un minuto de atención. Sin embargo, desde hace diecisiete semanas, el desconocido que le escribe cada lunes se toma la molestia de señalarle cinco motivos para ser feliz. Entre facturas y propaganda de restaurantes chinos, es lo más parecido a cartas de amor que ha recibido en mucho tiempo.

 

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